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| Construyendo la historia |
Hay relatos que se pueden contar a través de fechas. Y hay otros que, aunque también tengan fechas, se entienden mejor cuando se los cuenta a través de las personas, de los lugares y de las cosas que permanecen.
Hay que remontarse a 1818, durante la dominación portuguesa, cuando el general Carlos Federico Lecor dispuso la realización de loterías con un propósito muy concreto: contribuir al sostenimiento del Hospital de Caridad.

El 9 de julio de 1819, se realizó el primer sorteo. Fue en la Plaza Mayor, frente a las puertas del Cabildo. Probablemente nadie imaginaba entonces que aquel acontecimiento sería el comienzo de un recorrido que atravesaría siglos, gobiernos, generaciones y profundas transformaciones de la sociedad uruguaya.
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| Cuando la Lotería se convirtió en una institución |
El 9 de agosto de 1856 marcó un momento decisivo. Una disposición legal estableció que las Loterías Públicas serían de pertenencia exclusiva del Hospital de Caridad. Aquel hecho dio origen a la estructura institucional que, con el paso del tiempo y diferentes transformaciones, llegaría hasta la actual Dirección Nacional de Loterías y Quinielas.
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| La actualidad también empezó a dejar huellas físicas. |
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En 1882 aparecieron los tradicionales globos de sorteo, construidos por la firma Marchal, Carminatti y Paccard. Esos globos se convertirían en mucho más que un instrumento para realizar los sorteos: pasarían a formar parte de la identidad de la Lotería.

Pocos años después, el 1.º de abril de 1889, se inauguró el edificio de la calle Cerrito, entonces número 97 y hoy 220. El acto contó con la presencia del presidente de la República, general Máximo Tajes, y otras autoridades.
Desde entonces, ese edificio ha sido testigo de generaciones enteras de uruguayos y de una parte importante de la vida del país. Allí, donde hoy continúan realizándose sorteos, transcurrieron otras épocas, otras costumbres y distintas maneras de entender y vivir el juego.
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| Los billetes también cuentan histórias |
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En 1909 la Lotería dio otro paso importante: inauguró su propio taller litográfico y tipográfico. Desde allí comenzó a imprimir sus billetes y los Extractos Oficiales de los distintos juegos.

El billete dejó de ser solamente aquello que daba derecho a participar de un sorteo. Se convirtió también en una pieza que viajaba, circulaba, se guardaba y, muchas veces, representaba una ilusión.

En 1910 apareció otro de esos elementos que todavía hoy despiertan curiosidad. El 24 de agosto, durante una Lotería extraordinaria, se inauguró la cabina destinada a proteger los globos y amortiguar el ruido producido por el movimiento de las bolillas de madera.
La construcción estuvo a cargo de la Escuela Nacional de Artes y Oficios. Sus cristales, de origen belga, tienen un centímetro de espesor y casi tres metros de altura. Y hay un detalle que sorprende todavía más: son los originales y nunca fueron cambiados. Son parte de una memoria que permanece.
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| Una Lotería que cruza fronteras |
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Durante la década de 1920, los sorteos se realizaban dos veces por semana, los martes y los sábados. Pero la Lotería ya no se limitaba al territorio uruguayo.
Los billetes se comercializaban también en Buenos Aires, Asunción, Río de Janeiro, San Pablo, Santos y Pelotas.
La dimensión que había adquirido aquella actividad era tal que los consulados y viceconsulados uruguayos en el exterior recibían los billetes no vendidos para devolverlos a la institución antes de cada sorteo.
Mientras tanto, Uruguay cambiaba y la institución también. En 1939 llegó la Quiniela. El primer sorteo se realizó el 7 de julio en Montevideo y el 2 de setiembre de ese mismo año en el Interior. Al principio, Lotería y Quiniela tenían sorteos separados; con el tiempo, ambos caminos terminarían encontrándose.
En 1953, la Administración de Loterías y Quinielas pasó a depender del Ministerio de Hacienda, hoy Ministerio de Economía y Finanzas.
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| Nuevos Juegos, nuevas épocas |
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La actividad siguió incorporando propuestas y nuevas formas de participar.
En 1985 apareció la Tómbola. En 1990 llegó el 5 de Oro. En 1999 comenzó la comercialización de la Quiniela Instantánea, conocida popularmente como la Raspadita. Y en 2005 comenzaron a recibirse apuestas para los Juegos Deportivos, bajo la denominación Supermatch.
Cada incorporación acompañó los cambios de su tiempo y amplió las alternativas para el público.

En 2011 comenzó una nueva modalidad de reconocimiento para los billetes de Lotería que no habían resultado favorecidos en el sorteo principal. Diez años después, en 2021, esa modalidad se amplió para entregar premios a apostadores e instituciones, entre ellas hospitales y policlínicas públicas, liceos, escuelas y centros CAIF.
Desde sus primeros pasos, el destino social de los recursos estuvo estrechamente ligado a esta actividad. Esa finalidad se mantiene hoy a través de la colaboración con instituciones y programas como el Fondo Nacional de Recursos, INAU-CAIF, la Secretaría Nacional del Deporte y los hospitales Maciel, Pasteur y Pereira Rossell.
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| Una historia que sigue escribiéndose |
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Más de dos siglos después de aquel primer sorteo frente al Cabildo, muchas cosas cambiaron.
Cambió la forma de participar, aparecieron nuevos juegos, llegaron nuevas tecnologías y se transformaron las maneras de comunicarnos. Pero algunos elementos permanecen: los sorteos, la expectativa de quienes participan, los tradicionales globos y, sobre todo, una institución que ha sabido acompañar distintas épocas del Uruguay.
El edificio de Cerrito 220 sigue allí. Los globos siguen siendo parte de la identidad. Y cada sorteo vuelve a reunir, como tantas veces ocurrió en el pasado, a quienes esperan que la suerte los sorprenda.

Porque más allá de los números y de los premios, hay algo que atraviesa todo este recorrido: una institución que forma parte de la vida del país y que, desde sus orígenes, mantiene un vínculo con una finalidad social.
Lo que comenzó en 1819 continúa hoy, con nuevos desafíos y nuevas herramientas, pero con una misma vocación de servicio.
Y quizás esa sea la mejor manera de entender estos más de doscientos años: no como un capítulo cerrado, sino como una historia que seguimos construyendo entre todos.
Fuentes: La Lotería Uruguaya, de Antonio Frizzi; Historia del Hospital Maciel, del Dr. Jorge Lockhart; Historia de la Arquitectura Nacional, de Juan Gioria.
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| Niños cantores |
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| Una tradición que atraviesa generaciones |
 Hay voces que anuncian un número. Y hay voces que, sin saberlo, le dan forma a las ilusiones.
Desde hace generaciones, los Niños Cantores forman parte de uno de los momentos más reconocibles de los sorteos de la Lotería. Sus voces, claras y precisas, acompañaron a miles de uruguayos frente a la expectativa de cada número, de cada premio y de cada oportunidad que comenzaba a tomar forma.
Pero su tarea es mucho más que cantar números.
Detrás de cada participación hay preparación, concentración, disciplina y responsabilidad. Desde pequeños aprenden que cada voz debe ser precisa, que cada número tiene importancia y que el trabajo en equipo es fundamental para que el sorteo se desarrolle con la seriedad y transparencia que lo caracteriza.
Cuando un cantor o una cantora pronuncia un número, no solamente está anunciando un resultado. En ese instante también transmite la expectativa de quienes escuchan, la ilusión de quienes participan y la emoción de quienes esperan que la suerte los acompañe.
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| Mucho más que un número |
 La tradición de los Niños Cantores también está vinculada a la misión social de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas.
Los recursos generados por los juegos permiten contribuir con iniciativas vinculadas a la salud, la educación, el deporte, la cultura y la asistencia social. De esta manera, aquello que comienza con un número y una voz puede transformarse, también, en oportunidades para otras personas.
Hay una cadena que pocas veces se ve: una voz que anuncia, alguien que espera, un premio que llega y recursos que vuelven a la sociedad.
Por eso, cada sorteo tiene una dimensión que va más allá de sus minutos de duración.
Los Niños Cantores son parte de esa cadena. Con su presencia representan la transparencia, la confianza y el compromiso que deben acompañar a una actividad en la que miles de personas depositan sus expectativas.
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| Una voz que permanece |
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Hoy, esas voces continúan escuchándose en el histórico local de Cerrito 220, el mismo edificio que ha acompañado buena parte del recorrido de la Lotería uruguaya.
Quizás quienes alguna vez fueron Niños Cantores recuerden aquella experiencia durante toda su vida. Y quizás quienes los escucharon también conserven en la memoria ese sonido tan particular, capaz de detener por unos segundos una conversación, una reunión familiar o una tarde cualquiera para prestar atención a un número. Eso también es parte de nuestra identidad.

Porque las instituciones no se construyen solamente con leyes, edificios o documentos. Se construyen con las personas que las integran, con las tradiciones que se transmiten y con esos pequeños rituales que, generación tras generación, terminan formando parte de la memoria colectiva.
Una voz que todavía hoy sigue anunciando números, despertando ilusiones y construyendo, con cada sorteo, una nueva página de esta larga historia.
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